Las Plazas que se merece La Cabrera – Moción desestimada

En el pleno pasado presentamos una moción en la que solicitamos al equipo de gobierno, que cada vez que haga un proyecto de plazas, parques o complejos como el del Skate Park, hiciesen un estudio para ver cuáles serían las necesidades a tener en cuenta. Lo mínimo que pedíamos era que al menos hubiese una fuente, y si del estudio se sacaba que sería un lugar de gran concentración de gente, se podía pensar en la posibilidad de poner un aseo, para que no se llenasen las paredes cercanas de orines ante esta necesidad humanamente inevitable. La moción se desestimó, e incluso se dijo que no hay que estudiar nada. No estamos de acuerdo con el equipo de gobierno, y creemos que La Cabrera contiene muchas potencialidades que hay que realizar, entre ellas las de crear plazas a la altura de nuestro municipio.

Las plazas son intersecciones de vida, espacios creados para que los vecinos los habiten y se relacionen. Por ello es necesario que se estudie primero cómo van a estar situados los bancos, los árboles y las fuentes. En una plaza no puede faltar una fuente, para que los niños se hidraten después de estar corriendo y jugando todo el día en la plaza, ni bancos a la sombra para sentarse, charlar, hacer amistades y comentar el día a día.

Una plaza no se puede poner sin más, sino que requiere un proyecto que contemple todos los posibles detalles, porque una plaza es la celebración de la vecindad, donde se reúnen los vecinos y se comienza a generar el sentimiento de pertenecer a un lugar. La plaza es un espacio abierto, que debe invitar a todos sus vecinos, pequeños y jóvenes, nietos y abuelos, padres e hijos. Las plazas son espacios para que todos los estratos de la comunidad tengan cabida y se eliminen barreras generacionales para poder vivir en comunidad.

Observamos en la plaza de las Hermanas Rodríguez Granados todo lo contrario a una plaza acogedora; contamos con un gran espacio, sí, pero ausente de sombras, con los bancos alejados unos de otros y sin fuente. Un espacio desaprovechado en el que no se puede dar ningún atisbo de comunidad. Es una extensa explanada de paso en la que no se ha pensado en ningún detalle para que sea un espacio de reunión y estancia.

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Las construcciones realizadas por el Ayuntamiento tienen que ofrecer la oportunidad para que los vecinos las habiten. Las plazas asientan el terreno para que se transiten y se haga vida con otros vecinos. Se crea un lugar que antes no existía en el que tendrá cabida la reunión, para que los vecinos se relacionen entre ellos y comiencen a crear la consciencia de ser habitantes de La Cabrera. Las plazas juegan un papel esencial, porque son lugares de encuentro en los que poner en común la vida. Sin estos encuentros, no se establece el hábito de llegar a acuerdos y de sentirse común con el otro. Las plazas hay que frecuentarlas y habitar en ellas, pero para ello tienen que ser hospitalarias y acogedoras, en las que pasas y te quedas, porque te encuentras con otros. La plaza se convierte entonces en un refugio de humanidad frente al desierto que nada contiene y que no hace posible ningún encuentro.

Existimos junto con otros, y lo hacemos en el espacio; si no somos capaces de crear estos lugares, nuestra existencia estará truncada. Y la función principal del Ayuntamiento es crear y mantener estos espacios en lo que crear comunidad, en los que los vecinos se junten, charlen, rían y compartan alegrías y penas. Esta es la única manera de convivir, acostumbrándose a tratar con los otros. Y sin unas plazas que inviten a pasar tiempo en ellas será casi imposible que podamos comenzar este aprendizaje. El Ayuntamiento pone la extensión y lo cubre de detalles y cada uno de nosotros pone el tiempo de nuestra existencia para que comencemos a vivir como vecinos.

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